Crecen las dudas sobre el avance del gasoducto Néstor Kirchner

Empezó mal. Nadie sabe cómo va a terminar. Ni cuándo. Ni cuánto va a costar. La llamada “obra pública más importante de la historia” de la Argentina, el “Gasoducto Néstor Kirchner”, es un gran incógnita técnica, política y ahora judicial, admiten los principales expertos en Energía del país, los funcionarios políticos a cargo del tema, la dirigencia opositora y también la mayoría de las empresas involucradas en el proceso.

El GNK, si se culmina como se lo imaginó, garantizará el transporte de gas desde el yacimiento de Vaca Muerta, Neuquén, hacia la provincia de Buenos Aires y luego se espera también hacia Santa Fe y más allá también.

El Gobierno afirma que el GNK estará terminado, como máximo, en el invierno del año próximo y que será el inicio del autoabastecimiento nacional del gas que hoy debe importarse desde el extranjero. Si el GNK estaría hoy funcionando, solo desde este mes hasta septiembre próximo, le podría ahorrar a las arcas públicas alrededor de 4 mil millones de dólares. Ése es el cálculo de lo que el país pagará para comprar lo que hoy tiene pero no puede usar. El gas está en Vaca Muerta pero de allí es imposible llevarlo hacia el resto del país.

La obra mayúscula quedó en medio de una disputa interna feroz que llegó a su punto cúlmine en el acto por el 100 aniversario de YPF, escenario en el que la vicepresidente Cristina Kirchner le pidió al presidente Alberto Fernández que presione al holding siderúrgico Techint para evitar pagarle 200 millones de dólares que la empresa necesita para terminar de fabricar aquí los tubos de costura que, una vez enterrados y conectados a las plantas hidrocarburíferas trasladarán en sus entrañas el gas hasta conectarlo con otros gasoductos imaginados para llevar energía allí donde escasea.

Ese discurso de la vice desató una crisis insólita. El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, debió renunciar a su puesto después de que trascendieran críticas al modo con el que los funcionarios de los organismos de Energía determinaran cuáles serían las “características de la licitación realizada por aquellos dirigentes de esas áreas que dependen políticamente de los Kirchner.

Kulfas replicó los dichos de la vice a su jefe Fernández el viernes 3 de junio pasado. Hacía tres meses que ambos no se hablaban. Paradojas de la Argentina. Mientras el oficialismo pidió durante semanas “unidad” en la ya inexistente coalición que gobierna el país, la primera reunión entre Presidente y Vice terminó desatando la crisis del Néstor Kirchner, la salida de Kulfas, una causa judicial que investiga posible corrupción en las licitaciones del Gasoducto de la discordia. Y después un consenso discursivo de buena parte de la oposición y el empresariado que pide que la Justicia no frene el inicio de la obra gasífera.

El lunes anterior al acto de YPF, el funcionario a cargo de la burocracia compleja necesaria para licitar, adjudicar, y contratar a las compañías que construirían está obra pública que cruzará Neuquén, Río Negro, La Pampa y Buenos Aires, renunció. Ese hombre se llaman Antonio Prosato.

Energía Argentina emitió un comunicado el día de su dimisión, pero en ese texto no aparece el nombre del renunciado ni una sola vez y menos aún por qué se retiró justo cuando se empezaba a adjudicar el primer tramo del GNK. Prosato deberá declarar en la Justicia mañana. Lo hará en calidad de testigo en el juzgado de Daniel Rafecas, con el otro investigador de la causa, Carlos Stornelli.

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