Gasoducto Néstor Kirchner: obra necesaria pero no suficiente

Durante el transcurso de las últimas semanas se ha visto que tanto desde el Gobierno nacional como desde los medios se toma al Gasoducto Néstor Kirchner como la salvación de la Argentina, puesto que permitiría exportar más gas natural a los países limítrofes y al mundo. Si bien la obra es de una magnitud muy importante, para cerrar el circuito, deben suceder otros hechos.

Con el Gasoducto Néstor Kirchner en construcción y posibilitando la ampliación de transporte de gas natural entre las ciudades de Tratayén, en Neuquén, y Saliqueló, Buenos Aires, se abre la posibilidad de que Argentina finalmente pueda pensar en primer lugar satisfacer la demanda interna de gas natural sin depender de las entregas de Bolivia cada vez en cantidades menores y con un contrato que finalizará en 2024, y también convertirse en un proveedor de gas natural para sus países vecinos, especialmente Brasil que actualmente depende del gas boliviano y de las importaciones de LNG.

Pero, como se puede ver en la traza del proyecto, aún se requieren obras complementarias y adecuaciones regulatorias.

El propósito de la obra es abastecer a Chile, tanto para la demanda residencial, industrial y hacer llegar al norte de este país con la energía suficiente como para que pueda desarrollar la incipiente industria de la extracción de Litio.

Para ello, la empresa TGN ha llamado a manifestaciones de interés para construir el gasoducto Vicuña que serviría tanto para abastecer de gas natural a los productores locales de Litio como para los del norte del vecino país, con una demanda proyectada en 3,9 millones de metros cúbicos día.

También proveer a Bolivia con gas natural que tiene su producción en franca declinación con una demanda interna de 13 millones de metros cúbicos día, 5 millones para la extracción de litio, especialmente en el Departamento de Potosí, porque sin el fluido para alimentar todo el equipamiento eléctrico debería recurrir al fueloil que es mucho más costoso, y eventualmente utilizar la capacidad ociosa de los gasoductos que vinculan Bolivia con Brasil, para revertirlos y hacer llegar gas argentino hasta el city gate de San Pablo con una demanda estimada de 40 millones de metros cúbicos día.

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