La deuda mundial, bajo la lupa

En su libro “Megamenazas”, Nouriel Roubini describe varias tendencias globales que, en caso de mantener su trayectoria actual, podrían poner en riesgo el aumento casi ininterrumpido del bienestar mundial de los últimos setenta años. No es extraño que entre ellas figuren: el cambio climático, el envejecimiento de la población y el potencial efecto disruptivo de la Inteligencia Artificial, todos ellos temas que captan en gran medida la atención pública.

Pero, otra amenaza, más solapada, es la deuda mundial. Roubini sabe de qué habla: fue uno de los pocos economistas que anticipó la crisis financiera internacional de 2008/2009. Los números actuales son ciertamente impactantes. Según el FMI, en 2022 la deuda total equivalía al 238% del PIB mundial, aunque con diferencias importantes: 278% en las economías avanzadas (con casos extremos como Japón y Estados Unidos, con 447% y 274%, respectivamente), 191% en economías emergentes (272% en China) y 88% en países de bajos ingresos. Interpretar apropiadamente estos datos y analizar sus implicancias potenciales requiere considerar algunos elementos adicionales.

En primer lugar: ¿quién debe? Casi dos terceras partes (146 puntos porcentuales del PIB) de la deuda mundial son del sector privado, mientras que el resto (92 puntos) es del sector público. En segundo lugar: ¿el endeudamiento actual es elevado, en comparación con años anteriores? Sin dudas. Es cierto que, en comparación con 2020 (crisis del covid-19), la deuda disminuyó bastante a nivel público y privado (siempre en relación con el PIB), pero los valores de 2022 aún estaban por encima de los de 2019. Y si se comparan con los años inmediatamente anteriores a la crisis internacional de 2008, el aumento ha sido espectacular (199% en 2004, por ejemplo). Bajo una mirada de largo plazo, destaca un aspecto muy importante: entre 1950 y 2020 la deuda privada aumentó casi ininterrumpidamente, mientras que la deuda pública se redujo entre las décadas de 1950 y 1970, para luego comenzar a aumentar a un ritmo muy similar al de la deuda privada.

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