Los dueños del petróleo

Mendoza tiene un problema productivo por el avejentamiento de su matriz, la falta de infraestructura, la carencia de innovación y el agotamiento de los recursos que estaba acostumbrado a consumir. La industria petrolera es una de las que está en mayor tensión: Mendoza tiene cada vez menos participación y empuje con esa actividad que es fundamental para el producto bruto geográfico; para la riqueza que genera y distribuye. Pero además la provincia depende casi exclusivamente de una sola empresa para impulsar toda la cadena de valor del petróleo: YPF.

La petrolera estatal y Pluspetrol son las únicas empresas de envergadura que tienen inversiones en la provincia, generando así una relación de dependencia enorme. Desde que Mendoza se hizo cargo de la administración de los recursos, con las primeras licitaciones, hubo más manejos privados y ganancias especulativas que desarrollo para la provincia: desde entonces no aparecieron empresas nuevas de relevancia, no se construyó infraestructura que permita generar un polo energético y la producción de petróleo cayó. La cuenca «cuyana» está casi agotada y la parte mendocina de la cuenca neuquina es la esperanza. La «tierra prometida» es Malargüe por sus recursos, pero el departamento vive una crisis aguda. Pata Mora es promocionada como el «futuro» logístico, pero el lugar ni siquiera tiene luz eléctrica todo el día. 

En los últimos años aparecieron algunas empresas pequeñas que son irrelevantes en volumen, pero tienen un impacto “regulatorio” de la actividad que ayudan, en parte, a evitar el efecto monopolio para los precios. Algo similar buscan en el gobierno que ocurra con la intervención de la empresa estatal EMESA, que tiene a cargo algunos proyectos vinculándose con petroleras que hacen de operadores. El efecto real sobre la actividad es casi nulo. Pero, explican, permite tener acceso a información y regular “desde adentro” la actividad. “Desde que comenzamos a controlar mejor los precios son distintos. Antes YPF ponía los precios que quería y no había control”, explican desde el Gobierno.

La apuesta para sostener la actividad depende en gran medida de lo que haga YPF. El piloto realizado en Vaca Muerta tendrá un valor testimonial y habrá que esperar los resultados. Pero la recuperación terciaria y la explotación del petróleo pesado son los dos ejes que pueden potenciar la actividad. La otra actividad relacionada es el valor agregado que se genera con la refinería de Luján de Cuyo y que puede tener ventajas competitivas con lo que ocurre en la Patagonia. YPF ampliará la planta para producir gasoil sin azufre, el único combustible que crece en demanda y tendrá más exigencias a futuro. Pero además está en plena pelea para procesar el petróleo producido en los yacimientos no convencionales de Neuquén.

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    Diplomatura en producción de litio